miércoles, 16 de enero de 2013

AMOR Y FIRMEZA EN LA EDUCACIÓN



Por: PSIC. ERIKA MERCADO BERNAL
GYMBOREE DEL VALLE
 
Fomentar el sano desarrollo familiar basado en el respeto mutuo, el amor, la cooperación, y no dejar de lado  el orden y la disciplina, especialmente en los primeros años de la infancia, parece ser una de las ideas primordiales en la crianza de los hijos. El éxito de la educación no depende de estudiar más o menos, sino de encontrar ciertas condiciones necesarias para un desarrollo personal saludable. Los Padres y familiares  juegan un papel importante en este proceso ya que ofrecen al niño los estímulos y experiencias que serán significativas  en su vida,  por lo tanto  es de primordial importancia hacer un análisis con la finalidad de ofrecer mejores oportunidades a nuestros  hijos. Por ello, resulta esencial tomar en consideración una serie de sencillos pasos basados en la experiencia de cotidiana de muchas familias.
 
 Educar en valores y responsabilidad: Nuestros valores básicos y nuestras ideas se transmiten a través de los actos más cotidianos. De hecho, lo que hacemos tiene más repercusión que lo que decimos. Si un hijo ve que somos respetuosos con los demás, él también lo será. Si advierte que le escuchamos con atención, él también aprenderá a escucharnos con la misma intensidad. La mayoría de los adolescentes jugará con otros valores, pero, muy probablemente, al cabo de unos años retornará a lo que le hayamos inculcado desde la niñez. La televisión o el cine podrán mostrarles distintos modelos, pero, indudablemente, la figura de los padres y su conducta será el modelo definitivo.

Ejercer la autoridad sin miedo: Además de cariño y buen ejemplo, también es preciso ejercer la autoridad, explicando, en la medida de lo posible, las razones que nos llevan a tomar tal o cual decisión. Es necesario que el niño tenga señalizaciones y limites para sentirse cómodo sobre el terreno que pisa. Incluso cuando juega, él mismo crea reglas que no deben ser transgredidas. Son muchos los padres que tienen miedo a perder el cariño de sus hijos debido a una mezcla de temores aprendidos en su historia de vida. En algunos casos, la ansiedad por una mala reacción del niño es mayor que la necesidad del castigo. Es importante que los padres expliquen  los motivos de sus decisiones, indicando a los niños lo que deben hacer o evitar, no dejando por comodidad, caer en el olvido sus órdenes, ni permitiendo que los hijos se les opongan abiertamente. Del mismo modo, debemos evitar prohibir lo que un día se permitía y viceversa.

Saber escuchar: En muchas ocasiones creemos que la educación está sometida a mundo escolar y a las clases que les damos en casa. Los expertos en educación lo llaman “el currículo de la casa”, y no es otra cosa que las enseñanzas que los hijos aprenden en su hogar. Aquellos jóvenes que tienen padres que les escuchan y que les hablan de temas que les interesan y afectan, además de compartir sus opiniones sobre el mundo que les rodea, suelen tener más éxito escolar. Curiosamente, se ha comprobado que los hijos que a participan en las decisiones familiares y temas de conversación, leen mejor y rinden más en el colegio. En definitiva, estamos poniendo algo básico en práctica: aprender a escuchar, virtud que les facilita prestar atención en clase o entender mejor a otra persona, hecho que les proporcionará mayor tolerancia hacia los demás.

Ser comprensivos con nosotros mismos: Ser padres perfectos es una tarea imposible. Nadie ha nacido madre o padre sino que es un trabajo diario. Las reglas se van haciendo a medida de la familia y de cada uno de nuestros hijos. Si utilizamos como referencia a nuestros padres, descubriremos que algunas cosas las hacemos de forma similar y otras de manera muy distinta. Es normal sentirse culpable cuando creemos que, por ejemplo, no hemos actuado correctamente ante una situación determinada. Sin embargo, dicha “falla” puede emplearse perfectamente para mejorarnos como padres. La comunicación abierta y sincera entre padre y madre,  resulta esencial con objeto de enriquecer la educación compartida.
 

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