martes, 11 de diciembre de 2012

CENTROS DE ESTIMULACION TEMPRANA, Mitos y Realidades



Lic. Paty Fernández del Busto
Directora del Programa Gymboree



A partir de 1975, aproximadamente, se abren en México algunos espacios que se dedican a ofrecer estimulación temprana y hoy en día son muchos los centros de este tipo a lo largo de todo el país.

Hay varios mitos acerca de estos centros, algunos de ellos son:

Mito #1:
La estimulación temprana sirve exclusivamente para niños con problemas de desarrollo.

La estimulación temprana surge en la década de los 60’s a raíz de una serie de investigaciones realizadas con niños que presentaban diversas alteraciones y trastornos en su desarrollo y así establecer un programa terapéutico que les permitiera recuperar y habilitar patrones para adaptarse funcionalmente a la vida.
Después de observar los resultados obtenidos en niños con problemas y con base en otros estudios sobre el desarrollo infantil, los programas de estimulación temprana se adoptan para todo tipo de niños.

Hoy se concibe a la estimulación temprana como “el conjunto de medios, técnicas y actividades que se emplea en niños desde su nacimiento hasta los seis años, con el objetivo de desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas y psíquicas, evitar estados no deseados en el desarrollo y ayudar a los padres, con eficacia y autonomía en el cuidado y desarrollo del infante.” (Dr. Orlando, Terré)
Si bien los niños que tienen algún tipo de trastorno requieren de un programa de intervención temprana terapéutico y personalizado, los niños con un desarrollo “normal” reciben grandes beneficios a través de las actividades y experiencias que ofrece un programa de estimulación temprana bien fundamentado.

Mito #2:
Los programas de estimulación temprana tienen el propósito de hacer niños genios.

Para que un niño sea capaz de asimilar y dar respuesta a un determinado estímulo, es necesario que tenga un cierto nivel de madurez del cerebro, del sistema nervioso y de otras partes del cuerpo.

Es el propio niño quien va marcando la pauta y el ritmo de su aprendizaje, el cual no puede acelerarse porque, al no haber sensibilidad al estímulo, éste pasa desapercibido.
Un buen programa de estimulación temprana con personal capacitado en el desarrollo infantil debe saber reconocer los momentos sensibles en los que el niño puede aprovechar ciertos estímulos y ofrecérselos.
Al responder a su necesidad de estimulación se desarrollan las capacidades naturales del niño con el fin de que logre el éxito en cada etapa del proceso.
De esta manera, se consolida su aprendizaje y puede ser capaz de aprender aspectos de mayor complejidad, pero siempre respetando su ritmo de desarrollo.

Por ejemplo, no se trata de que un niño de dos años aprenda a leer y escribir porque aún no tiene la madurez para hacerlo; sin embargo, los programas de estimulación, a través de actividades que motivan la discriminación visual, la coordinación y el barrido visual, están favoreciendo habilidades previas y necesarias que permitirán que el aprendizaje de la lecto-escritura sea exitoso cuando esté listo para hacerlo. Una buena estimulación puede evitar que se den problemas como la dislexia.

Mito #3:
Los niños que asisten a centros de estimulación temprana se vuelven “hiperactivos”.

Una de las características de los niños es su tendencia natural hacia las actividades sensoriales y de movimiento, debido a la curiosidad innata por conocer el mundo que lo rodea: ¿Cómo es? ¿A qué sabe? ¿Cómo se siente? ¿Cómo suena?, etc. Su principal herramienta de conocimiento es su cuerpo, de ahí que todo lo tocan, lo chupan y lo avientan. Conforme avanza en su desarrollo motriz, los vemos gateando, trepando, corriendo y saltando.

Todas estas actividades le proporcionan mayores experiencias de las cuales va aprendiendo, aumentando su curiosidad por conocer y aprender más y más.
En los centros de estimulación temprana se favorece esta curiosidad a través de la exploración sensorial y se motiva la actividad motriz para el desarrollo de habilidades propias y necesarias para un sano crecimiento.
Se canaliza su energía por medio de un programa de actividades diseñadas para que de ellas aprenda algo nuevo y útil. Son niños más curiosos, más deseosos de aprender y más activos, en el amplio sentido de la palabra.

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