miércoles, 11 de julio de 2012

Disciplina, una estrategia necesaria.

Lo primero que te diremos es que los berrinches son una forma muy común de comportamiento con la que los pequeños comunican malestar, desagrado, frustración, enojo, etcétera.

Carácter:
Se conforma del temperamento, que es la predisposición del niño a reaccionar de determinada forma ante los estímulos ambientales, y de las experiencias únicas de cada individuo en particular. Estos dos elementos forman lo que normalmente llamamos la personalidad, y ésta por supuesto varía de individuo a individuo.

Estado físico:
Recuerda siempre que los niños que presentan problemas de salud son más susceptibles e irritables y tienen por lo tanto menor tolerancia que los niños saludables.

Ambiente:
Un niño que es expuesto a ambientes de abuso físico, psicológico, falta de límites, orden, limpieza y poco contacto social, o que se enfrenta de pronto a nuevos ambientes, es más propenso a los berrinches que un pequeño que no sufre de estos problemas.

El enojo, como cualquiera de los sentimientos, es algo inherente a los seres humanos. Es imposible que evites que tu bebé se enoje, pero si en vez de tratar de reprimirlo lo ayudas a canalizar su disgusto estarás dando un gran paso para que su desarrollo sea adecuado.

Ojo, el enojo es una emoción:
Los niños, al igual que los adultos, tienen todo el derecho a enojarse. El enojo es una emoción que debe de expresarse, ya que si somos capaces de hacerlo correctamente, estamos dando el primer paso para resolverlo. El enojo, por ejemplo, es clasificado generalmente como una emoción inadecuada y por ello se busca reprimirlo. Esto no es correcto, ya que lo que se debe de aprender y por lo tanto enseñar es el modo adecuado para ponerlo en evidencia.
Recuerda que cuando un pequeño no puede expresar su enojo, empieza a reprimirlo y lo convierte en algo perjudicial para si mismo, y es muy posible que si esto sucede empiece a mostrar ansiedad y actitudes desafiantes, o padezca enfermedades psicosomáticas y problemas de atención.

Ayudando a tu hijo a saber esperar
Los niños en edad preescolar suelen ser muy egocéntricos porque no tienden a ponerse en el lugar del otro y suelen también ser muy demandantes al pedir lo que desean. Este comportamiento es normal para su edad, sin embargo, podemos ayudarlos a que poco a poco sean más tolerantes a la espera.
¿Qué podemos hacer?
Usemos las circunstancias cotidianas para enseñarle a esperar. Por ejemplo, siembren un frijolito juntos y vean poco a poco cómo crece; convéncelo para que te ayude en las labores domésticas como limpiar o cocinar algo; dale el ejemplo sabiendo tú ser tolerante en circunstancias de espera como la fila del banco o un embotellamiento; ayúdalo a que aprenda a distraerse solo ofreciéndole objetos atractivos mientras esperan, y por último no le des al menor todo lo que te pida de inmediato.

El papel de la frustración
La forma en que se perciba y se asuma hace la diferencia. Se puede asumir como un fracaso o como un reto. Si se asume como reto estaremos dando un paso adelante en nuestro proceso de madurez y tolerancia.

Perseverancia
Es necesario que en toda técnica que emplees la perseverancia sea el ingrediente principal, ya que si te rindes a los primeros intentos, cualquier método por bueno que sea no funcionará. Por último no pierdas de vista que lo que se pretende es ayudar al pequeño a saber comunicarse correctamente, buscando que esto le ayude en su proceso de socialización.

Recuerda que la perseverancia y la paciencia son dos elementos de primera importancia para controlar los estallidos de enojo de tu pequeño.

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