miércoles, 29 de febrero de 2012

CUENTOS CORTOS: ¿EL LIBRO MALTRATADO?

Por medio de los libros enseñamos a nuestros hijos el alfabeto, las primeras palabras, formas, colores, números y mucho más. Ellos son la base del aprendizaje y es por esto que estrenamos una nueva sección para ti en dónde encontrarás cuentos cortos para leer en familia y disfrutar momentos gratos.


Durante mucho tiempo estuve acomodado en los estantes de un librero,en compañía de otros libros que, como yo, deseaban ser descubiertos y disfrutados. Sucedió un día que alguien me vió, me leyó y decidió meterme dentro de una gran canasta. No estaba solo, me acompañaban muchos y muy variados libros; los había, duros, suaves, gordos, delgados, altos y otros más pequeños. Lo que note enseguida, fue que algunos de ellos estaban maltratados: las orillas desgastadas y otras hasta dobladas ¡qué horror! yo en cambio, me sentía orgulloso por estar impecablemente limpio y nuevo.


 En un principio, me sentí algo incómodo en la canasta y me mareaba bastante co el ir y venir de un salón a otro del jardín de niños. Sólo veía cómo los niños se acercaban corriendo hacia nosotros y nos empezaban a sacar. Cuando entré a la canasta, los niños veían mi portada y me hacían a un lado; en ocasiones alguno de ellos, por curiosidad, abría mis páginas, pero siempre me regresaba a la canasta. 
Así pasaron algunas semanas hasta que un día la maestra me tomó entre sus manos y me mostró ante el grupo, les dijo mi nombre y con entusiasmo les leyó todo lo que yo solo no podia contarles. A patir de ese día, mi vida cambió. Parece que los niños me descubrieron y les gustó lo que había dentro de mi. En cuanto entraba la canasta a un salón de clases, veía cómo se acercaban y empezaban a buscarme, diciendo mi nombre. ¡Me reconocían! 

Me sentí tan importante que empecé a disfrutar cómo los más pequeños me probaban con su boca, otros hasta me usaban como sombrero y los más se detenían largos momentos observando mis ilustraciones. Llegué a sentir jalones cuando varios niños me querían al mismo tiempo y disfruté mucho cuando los niños me querían al mismo tiempo y empezaron a compartirme con sus amigos, recostados en torno a mi. Conmigo muchos aprendieron a pasar las hojas de una en una, a fantasear a través de mis ilustraciones y, los más grandes, se interesaron por aprender a leerme sin ayuda. 

Hoy, soy un libro maltratado, con las orillas muy desgastadas y, muchas de ellas, hasta dobladas. Me han reparado varias veces y me veo un poco viejo; pero ¿saben? estoy muy orgulloso de estar en este estado. Mis heridas no se deben mas que al cariño que los niños me demuestran todos los días. Ser el libro favorito tiene sus riesgos, pero bien valen la pena

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